Explorando al otro

Un diálogo entre el yo y su reflejo en los otros debe ser un ejercicio constante en medio de sociedades líquidas. El cuestionarse la invisibilidad a un solo clic o cambio de canal de lo diferente, de lo diverso, de lo forastero, de lo que hemos naturalizado como poco
importante. Es así, que la dinámica actual se configura en sociedades líquidas que
constantemente navegan por no lugares que fomentan el consumo, el deseo, el culto a la
imagen apartándose del otro, lo cual, produce una ruptura en las interrelaciones. Es común ver espacios públicos entre rejas y vigilancia convirtiendo territorios de encuentro, en controlados lugares de paso.
Hay un consenso general sobre el respeto a los Derechos Humanos, pero acompañado de una selección social de quienes deben ser sujetos de los mismos, aunque parezca extrema esta posición se fundamenta en el aislamiento de la diversidad, identidades o movimientos que se alejan de lo que el individuo considera como su ser. Para ejemplificar, las violentas reacciones cuando se habla de educación con enfoque de género promueven que se sigan multiplicando imaginarios estereotipados desde lo binario, opresor y patriarcal. Lo anterior, se da también a nivel estatal, pues la construcción de la política pública rara vez se desarrolla colectivamente, puesto que responde a lógicas verticales que tratan de defender el estatus quo.
A nivel latinoamericano existe una diversidad de pueblos y nacionalidades con sus propias cosmovisiones y problemas particulares; sin embargo, hay una ruptura desde la cohesión como país, ya que la historia oficial es altamente eurocéntrica y cuando se generan proyectos que los vinculan la mayoría de veces es “gente externa hablando de los problemas indígenas, afros, campesinos”. Es fundamental la producción de procesos interculturales que fortalezcan la identidad nacional en la diversidad y el respeto a las formas de vida de las comunidades.
Uno de los conflictos que atraviesa nuestra región es la migración y se han visto en varias
ocasiones alarmantes situaciones de resistencia hacía la llegada de forasteros por resguardar la seguridad nacional e individual. Por ello, debemos preguntarnos de donde surge esta aversión cultural, puesto que la mayoría de razones que preocupan a la ciudadanía se resolverían con políticas públicas integrales; tampoco se podemos ser distantes y pasar a segundo plano que la decisión de emigrar para el sujeto social es sumamente compleja e implica alejarse del lugar que configuro su ser, su identidad, su memoria histórica.
Cabe recalcar, que los medios de comunicación fomentan la inmediatez, la actualización de información cada segundo y acrecentando un mar de datos muchas veces con contenido basura dando como consecuencia que individualicemos cada vez más e intentemos acercarnos a los moldes de perfección del mundo globalizado y masificado. El otro no nos debe asustar, pues el otro contribuye a definirnos como sujetos sociales a romper esa homogenización, nos acerca a lo colectivo; cuando lo olvidamos solo se evidencia que morimos en lo individual.
Es fundamental a generar reflexiones que nos cuestionen la individualidad y nos permitan ver el entorno con nuevos lentes. Es fundamental el surgimiento de diálogos que interpelen la naturalización de la inmediatez, que nos hagan ver lo diverso y ponernos no solo en sus zapatos sino intentar entender su mirada.

¿Acaso el otro ha muerto en el mundo de la inmediatez?

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